Paso Los Libertadores

Fecha: 27 Agosto 2009 2 Comentarios »

Publicado por: lamuraya.comCategoría: ...los Viajes

Piero Moltedo Perfetti
MBA, Universidad Carlos III de Madrid.
Director Escuela de Negocios, UVM

Por urgencia, tuve que viajar a Argentina a través del Paso Los Libertadores. Una vez en Mendoza, las condiciones climáticas en Chile auguraban que el cruce estaría cerrado. Ya de regreso, y a fin de no dejar el vehículo en dicha ciudad intenté cruzar la cordillera.

Llegado a Uspallata, no existía ningún tipo de información sobre la posibilidad de cruzar. La oficina de informaciones turísticas de dicha localidad no manejaba ese dato. Me remití entonces a Gendarmería Argentina, equivalentes a nuestros Carabineros pero con mayor nivel de informalidad. “¿Está el Paso abierto?” preguntaba, y una y otra vez escuchaba como respuesta un indiferente “Puede que sí, puede que no”.

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¿Fuiste a Viña y no conociste el Reloj de Flores?

Fecha: 16 Junio 2009 No Hay Comentarios »

Publicado por: Piero Moltedo PerfettiCategoría: ...los Viajes

No hay nada menos criterioso que preguntarle a quien regresa de un viaje si visitó tal cosa o hizo aquello que era supuestamente fundamental, bajo la equivocada premisa de que eso olvidado es imprescindible para entender la totalidad del destino”.

Piero Moltedo Perfetti
MBA, Universidad Carlos III de Madrid
Director Escuela de Negocios, UVM

Al igual que la observación de una obra plástica, los viajes poseen tres etapas. Cuando uno camina por una galería de un museo y se encanta con un cuadro, ése es su primer momento. Posteriormente, uno se acerca a ver detalles, cosas que le impresionan, las pinceladas, etc., para posteriormente tomar distancia y verlo, sentirlo como un todo. Emocionarse a la distancia.

Con los viajes sucede lo mismo. Primero una preparación o planificación (al menos en su itinerario básico), después el viaje en sí, y posteriormente el regreso. Esta última etapa posee la gracia de mantener el espíritu bajo el don de la ubicuidad, sentir que se está aquí, en medio de la vaguada costera y simultáneamente en la Plaza Roja de Moscú, o en algún archipiélago polinésico, en una confortable habitación estilo palafito, donde la única preocupación es saber si el color del mar es calipso o turquesa. Esta ubicuidad posee la tristeza de reencontrarnos con nuestra cotidianidad y la gentileza de recordar los merecidos asombros de los destellos propios de la experiencia lograda.

Mi amiga Paulina está justamente viviendo esta etapa. Tras algunas semanas en diferentes ciudades de Estados Unidos, ya está logrando asumir que finalmente los viajes son experiencias para el espíritu, amplitudes de horizonte para la mente, y en general, mucho más que los magnetos multicolores que ahora adornan su refrigerador. Continúe leyendo »

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